BIENVENIDOS

octubre 27, 2011

Eres importante para mi

Una profesora universitaria inició un nuevo proyecto entre sus alumnos. A cada uno les dio cuatro cintas de color azul, con la leyenda: Eres importante para mí. Les pidió que se pusieran una y les dijo que eso era lo que ella pensaba de cada uno de ellos.
Luego les explicó de qué se trataba el experimento: tenían que darle una cinta a alguna persona que fuera importante para ellos, explicándole el motivo y dándole las otras cintas para que ellos hicieran lo mismo. El resultado esperado era ver cuánto podía influir en las personas ese pequeño detalle.
Todos salieron de esa clase hablando a quién le darían sus cintas; algunos mencionaban a sus padres, otros a sus hermanos o a sus amigos. Pero entre aquellos estudiantes, había uno que estaba lejos de su casa. Este joven había conseguido una beca para esa universidad y por tal motivo no podía darles esa cinta a sus padres o hermanos.
Pasó toda la noche pensando a quién se la daría, pero al otro día muy temprano tuvo la respuesta. Tenía un amigo, un joven profesional que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces lo aconsejaba cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba.
¡Esa era la solución! Saliendo de clase se dirigió al edificio donde su amigo trabajaba y en la recepción preguntó por él. A su amigo le extrañó, ya que el muchacho siempre lo iba a ver después de que él terminara de trabajar, por lo que pensó que algo malo estaba sucediendo. Cuando lo vio en la entrada, y después de hablar con él, sintió alivio de que todo estuviera bien, pero a la vez le extrañaba el motivo de su visita. El estudiante le explicó el propósito de la misma y le entregó tres cintas, le pidió que se pusiera una y le dijo que al estar lejos de su casa, él era el más indicado para ponérselo, el joven ejecutivo se sintió halagado, nunca había recibido ese tipo de reconocimientos y prometió a su amigo que seguiría con el experimento y le informaría de los resultados.
El joven ejecutivo regresó a sus labores, a la hora de la salida se le ocurrió una arriesgada idea: le entregaría las dos cintas restantes a su jefe. El jefe era una persona de mal carácter y siempre muy atareado, por lo que tuvo que esperar a que tuviera un momento de tranquilidad. Cuando consiguió acercarse, su jefe estaba inmerso en la lectura de los nuevos proyectos, y la oficina estaba repleta de documentos, planos y papeles. El jefe gruñió: ¿Qué desea? El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita y le mostró las dos cintas. El jefe, asombrado, le preguntó: “¿Por qué cree usted que soy el más indicado para llevar esa cinta?”
El joven ejecutivo le respondió que él lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además que había aprendido mucho de él y estaba orgulloso de estar bajo su mando. El jefe titubeó, pero recibió con agrado las dos cintas, no muy a menudo se escuchan esas palabras con sinceridad estando en el puesto en el que él se encontraba.
El joven ejecutivo se despidió cortésmente del jefe y como ya era la hora de salida, se fue a su casa.
El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esta vez se fue temprano a su casa. En la solapa portaba con orgullo una de las cintas, la otra la guardó. Se fue reflexionando mientras manejaba su automóvil. Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado; cuando le preguntó, él respondió que quería pasar el resto del día con ella y su hijo. Ella se extrañó, ya que su esposo acostumbraba llegar de mal humor.
El jefe preguntó:"¿Dónde está nuestro hijo?", la esposa lo llamó, ya que estaba en el piso superior de la casa. El hijo bajó y el padre le dijo: ¡Acompáñame! Ante la mirada extraña de la esposa, y del hijo, ambos salieron de la casa. El jefe era un hombre que no acostumbraba gastar su valioso tiempo en su familia.
Tanto el padre como el hijo se sentaron en el porche de la casa. El padre miró a su hijo, que estaba extrañado con el comportamiento de su padre. De pronto empezó a decirle que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se había perdido momentos importantes y felices para disfrutar en familia. Y luego le expresó que había decidido cambiar, que quería pasar más tiempo con ellos, porque su madre y él eran lo más importante que tenía.
También le mencionó lo de las cintas y su joven ejecutivo. Le dijo que lo había pensado mucho, y que quería darle la última cinta a él, en virtud de que era lo más importante, lo más sagrado para él. También le dijo que el día que nació, fue el más feliz de su vida y que estaba muy orgulloso de él y mientras le hablaba le colocó la cinta que decía: "Eres importante para mí"
El hijo, con lágrimas en los ojos le dijo: Papá, no sé qué decir, siempre pensé que no te importaba, que no me querías, que no significaba nada para ti. Te quiero papá, te quiero con todo mi corazón.
El experimento de la profesora dio resultado, había logrado cambiar no una, sino varias vidas, con sólo expresar lo que sentía.
A partir de hoy, cada vez que te encuentres con las personas que quieres o por las que sientes un afecto especial, sólo diles:
“Eres muy importante para mí”

septiembre 09, 2011

¿Quién mato al amor?

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que ODIO, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a todos sus súbditos a una reunión urgente.
Vinieron de todas partes del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión, con curiosidad por saber cuál era el propósito.
Cuando estuvieron todos reunidos, ODIO se puso de pie y dijo: Los he reunido a todos porque deseo con todo mi corazón matar alguien. Los asistentes no se extrañaron mucho pues era ODIO quien les estaba hablando y él siempre quería matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre sí quien era tan difícil de matar para que ODIO, los necesitara a todos. Quiero voluntarios que maten al odioso AMOR, dijo. Muchos sonrieron, ya que casi todos querían hacerlo de una u otra forma.

El primer voluntario fue “Mal Carácter”. Yo iré y les aseguro que en un mes, AMOR habrá muerto. Provocaré tal discordia e ira que no lo soportará, les dijo a todos.
Al cabo de un mes se reunieron otra vez para escuchar lo sucedido, pero “Mal Carácter” tenía malas noticias. Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, AMOR la superaba y salía adelante, les dijo.
Fue entonces cuando, se ofreció “Ambición” que haciendo alarde de su poder dijo: En vista de que “Mal Carácter” fracasó, iré yo. Desviaré la atención de AMOR hacia el deseo por la riqueza y el poder, y no podrá vencer la tentación. No fallaré.
“Ambición” inició el ataque hacia su víctima, quien efectivamente cayó herida, pero después de luchar ferozmente, renunció a todo deseo de poder y triunfó.
 
ODIO se enfureció por el fracaso de “Mal Carácter” y “Ambición” y decidió enviar a “Celos”, quien burlón y perverso inventaba toda clase de artimañas y situaciones para despistar y llenar de dudas y sospechas infundadas a su adversario AMOR. Pero este no tenía ninguna intención de morir, y con valentía y fortaleza lo venció.
Año tras año, ODIO siguió en su lucha y envió a sus más hirientes compañeros: “Frialdad”, “Egoísmo”, “Indiferencia”, “Pobreza” y a muchos otros, pero todos fracasaron, porque cuando AMOR se sentía desfallecer, tomaba de nuevo fuerzas y todo lo superaba.
ODIO, convencido de que AMOR era invencible les dijo a los demás: Nada se puede hacer, hemos perdido la batalla. AMOR lo ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo hemos logrado.
De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido, su rostro era poco visible, por lo que nadie lo reconoció. Con voz muy firme y con mucha autoridad, dijo: “Yo me encargaré de AMOR”
Confundido, pero con mucha alegría, ODIO dijo: Ve y hazlo.
Tan sólo habían pasado unos días cuando ODIO volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles que después de mucho esperar por fin: AMOR había muerto.
El sentimiento poco conocido se puso de pie, se dirigió a los presentes y les dijo:
Ahí les entrego el cuerpo sin vida de AMOR. Está muerto como deseaban todos ustedes, y sin decir nada más se marchó.
Espera dijo ODIO: ¿Cómo has podido vencerle en tan poco tiempo? ¿Acaso no hizo el menor esfuerzo para sobrevivir? ¿Quién eres tú?
El sentimiento mostró por primera vez su horrible rostro y dijo: “Soy LA RUTINA”.
"La rutina es el peor enemigo del amor humano, pero déjame decirte que hay un AMOR, que ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera un sentimiento de maldad puede matar, porque ese amor es incondicional y eterno, no tiene principio ni fin, ese amor es el AMOR DE DIOS" Juan 3:16

HISTORIA DE LOS MARCIANITOS

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