BIENVENIDOS

marzo 09, 2011


Antes de Orar…PERDONA 
Antes de Hablar…ESCUCHA 
Antes de Escribir…PIENSA 
Antes de Gastar…GANA 
Antes de Criticar…ESPERA 
Antes de Rendirte…PRUEBA 

Tus palabras, tus sueños, y tus pensamientos tienen el poder de crear condiciones en tu vida.





  • Si sigues diciendo que estás quebrado, sabes qué? Siempre estarás quebrado.
               De lo que hables, lo obtendrás.
  • Si sigues diciendo que no soportas tu trabajo, puedes perderlo. 
  • Si sigues diciendo que no soportas tu cuerpo, tu cuerpo puede enfermarse. 
  • Si sigues diciendo que no aguantas tu carro, tu carro puede ser robado o descomponerse.
  • Si sigues diciendo que no puedes confiar en hombres o mujeres, siempre encontrarás alguien en tu vida que te lastimará o te traicionará.
  • Si sigues diciendo que no encuentras trabajo, seguirás desempleado. 
  • Si sigues diciendo que no puedes encontrar alguien a quien amar o crea en ti, tus pensamientos atraerán mas experiencias confirmando tus creencias.
Haz tus pensamientos y tus conversaciones más positivos y guárdalas con fe, esperanza, amor y acción.

*No tengas miedo de creer que puedes tener lo que tú quieres y mereces.* 
Observa tus ‘Pensamientos,’ Se convertirán en palabras.
Observa tus ‘Palabras’, Se convertirán en acciones.
Observa tus ‘Acciones’, Se convertirán en hábitos.
Observa tus ‘Hábitos’, Se convertirán en carácter.
Observa tu ‘Carácter’, Se convertirá en tu ‘Destino’
Así…. Para prevenir cualquier obstáculo… ¡ Consigue tu propio camino ! 
¡¡ Disfruta cada minuto de tu vida !! 


Cuando el filosofo señala la luna,  el tonto se fija en el dedo. 
‘Si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando’. 
‘Así como las olas brotan del mar y regresan al mar, así nosotros venimos de Dios y regresamos a Dios’   
‘Cuando el amor es feliz lleva al alma a la dulzura y a la bondad.’ 

febrero 23, 2011

Dar la vida por los demás

Había una vez un árbol que quería a un niño.
El niño venia a visitarlo todos los días.
El niño cortaba pequeñas ramas del árbol con las que entretejía coronas y jugaba a ser el rey de la selva.
Trepaba sobre el tronco y se columpiaba agarrado a las ramas.
Comía de sus frutos y luego, juntos, jugaban al escondite.
Cuando se cansaba, el niño se quedaba dormido a la sombra del árbol al arrullo del rumor de la fronda, que le cantaba una nana.
El niño quería al árbol con todo su corazón.
Y el árbol se sentía feliz.
Pero pasó el tiempo y el niño fue creciendo.
Cuando se hizo mayor, el árbol se quedaba muchas veces solo.
Un día el niño fue a ver al árbol y éste le dijo:
- Acércate, mi niño, gatea sobre mi tronco y colúmpiate en mis ramas; come la fruta, juega a mi sombra y diviértete.
-Soy ya demasiado grande para subirme a los árboles y jugar, dijo el muchacho.
Quiero comprar otras cosas para divertirme.
Necesito dinero. ¿Puedes darme dinero?
-  Lo siento—, respondió el árbol, —pero yo no tengo dinero. Tengo sólo hojas y frutos. Recoge la fruta, amigo mío, y ve a venderla a la ciudad.
Así tendrás dinero y serás feliz.
Entonces el niño se subió al árbol, cogió toda la fruta y se la llevó.
Y el árbol se sintió dichoso.
Pero pasé mucho tiempo y el niño no volvía. Y el árbol se puso triste. Al fin, el joven volvió de nuevo. El árbol tembló de alegría y dijo:
- Acércate, mi niño, gatea sobre mi tronco y colúmpiate en mis ramas y diviértete.
- Tengo mucho que hacer y no puedo perder tiempo en gatear sobre los árboles, respondió el muchacho.
- Necesito una casa que me cobije, prosiguió. Quiero una mujer y unos hijos, quiero formar un hogar. ¿Puedes darme una casa?
- Yo no tengo una casa—, dijo el árbol. —Mi casa es el bosque. Pero tú puedes cortar mis ramas y hacerte una casa. Y así podrás ser feliz.
El niño cortó todas las ramas del árbol y se las llevó para hacerse una casa.
Y el árbol se sintió feliz.
Pasó mucho tiempo y el joven no venía.
Pero cuando volvió, el árbol estaba tan contento que apenas podía hablar.
- Acércate, mi niño—, murmuró, —ven a jugar conmigo.
- Soy ya muy mayor y demasiado serio para ponerme a jugar—, dijo el niño. —Ahora quiero una barca para irme lejos de aquí. ¿Puedes tú darme una barca? "Corta mi tronco y hazte una barca—, dijo el árbol. —Así podrás marcharte y ser feliz.
Entonces el niño cortó el tronco y se hizo una barca para huir.
Y el árbol se sintió dichoso..., aunque no del todo.
Pasó mucho, mucho tiempo y el muchacho volvió una vez mas.
- Lo siento—, mi niño, dijo el árbol, —pero ya no me queda nada para darte...
no tengo fruta.
- Mis dientes son demasiado débiles para comer fruta—, dijo el muchacho.
- Ya no tengo ramas—, siguió el árbol, —y no podrás columpiarte.
- Soy demasiado viejo para columpiarme en las ramas—, dijo el muchacho.
- Ya no tengo tronco-, dijo el árbol. —Ya no puedes trepar.
- Bastante cansado estoy yo, como para dedicarme a trepar—, dijo el muchacho.
- ¡Qué pena!—, suspiró el árbol. —Me gustaría tanto darte algo..., pero ya no tengo nada...
Soy sólo un viejo tocón... ¡Cómo lo siento!...
- Ya no necesito mucho-, dijo el muchacho. —Sólo un sitio tranquilo para sentarme y descansar. Estoy muy cansado.
- Bien, dijo el árbol, enderezándose, lo más que podía, muy bien... Un viejo tocón es lo que se necesita para sentarse y descansar. Acércate, mi niño, siéntate. Siéntate y descansa.

 El niño así lo hizo. Y el árbol se sintió feliz, feliz, feliz...
 
    ¿Qué significan los demás en tu vida?

HISTORIA DE LOS MARCIANITOS

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